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lunes, 6 de septiembre de 2010

El último maestro del aire: Un esfuerzo innecesario

No, no vi la serie Avatar: La leyenda de Aagan que inspira el film El ultimo maestro del aire, por lo tanto no podré tener un juicio confiable en cuanto a la analogía de ambos trabajos. Solo me limitaré a dar una interpretación sobre lo que puedo apreciar como espectador de la película.

Aang es el próximo Avatar, un guerrero que tiene la posibilidad de controlar los cuatro elementos (Aire, Agua, Fuego y Tierra) y de esta forma conservar el equilibrio de su mundo. Katara y Sokka acompañan a Aang en su búsqueda de dominar el Agua, ya que solo puede manipular su elemento nato que es el Aire. La misión se tornará difícil cuando Zuko, príncipe de la Aldea de Fuego, decida secuestrar al Avatar para recuperar su honor.

El argumento narrativo de El último maestro del aire se encuentra en muchas ocasiones deficiente. Las escenas no logran una total armonía sobre la historia que se cuenta y parece desconcertante que la fantasía en la que está ambientada no fue un recurso provechoso para lo que pudo ser algo más apreciable.

Las actuaciones se apoyan en un libreto que intenta forzadamente parecer dramático y “serio”. Noah Ringer encarna a Aang, quien logra un esfuerzo por hacer de su interpretación algo interesante, aunque con un acabo superficial y sobreactuado. Por otra parte vemos a un Dev Patel haciendo de Zuko, un “villano” tan inverosímil como las reacciones de su rostro. El resto del reparto no aporta un interés relevante para la historia.

Existen muchos elementos que hacen del film entretenido. Tal como los efectos visuales, el vestuario y los escenarios. Algunas de las escenas de peleas contienen la firma de Shyamalan debido a su forma de grabar escenas en una sola toma. A pesar de ello, el trabajo no asombrar. El efecto de las imágenes resulta lento y aburrido, contrarrestándole esa emoción a las esperadas batallas.

Shyamalan es un gran director. Nos ofreció Sexto sentido (1999) para dejarnos con la boca abierta. De la misma forma pasó con El protegido (2000) y Señales (2002). La Aldea (2004), La dama en el agua (2006) y El fin de los tiempos (2008) no causaron aquel impacto acostumbrado, pero contenía esa dosis de suspenso que Shyamalan sabe incluir en sus películas.

Descarté, de manera casi obvia, presenciar algunas de esas características que hacen de sus cintas algo particular. Ahora bien, creo que se debemos tomar en cuenta algo que ocurre con estas entregas. Por lo general terminan siendo una fachada de las productoras para generar ventas descomunales. Es un juego para quienes toman las riendas de estas producciones, como lo aclara Alfonso Cuarón sobre su experiencia en Harry Potter y el Prisionero de Azkaban (2004). En este caso, Shyamalan intervino inclusive en el guión, lo que suministra un compromiso mayor, aunque poco convincente.

La crítica pulverizó este trabajo de Night Shyamalan como si se tratará de la peor entrega de este año. Puede que esté contribuyendo a esa idea, pero mi opinión sobre él no se desploma completamente; creo que no era la persona apropiada para dirigir esta adaptación cinematográfica. Curiosamente recordamos más los trabajos malos y/o los defectos de un artista. Puede que la idea de querer “hacer de todo” no le haya funcionado a este director y es probable que en el futuro veamos algo mucho más honesto. ¿Por qué lo pienso? Quizás sea por lo que confesó hace poco: “Ya no quiero gustarle a todo el mundo. Ya no estoy dispuesto a preguntar a nadie si mis películas le hacen feliz. Ya solo intento ser fiel a mí mismo y seguir adelante”.

No quiero ser condescendiente, pero botar a la basura toda la trayectoria de un artista resulta algo verdaderamente injusto.



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