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domingo, 5 de septiembre de 2010

Amelie: El arte detrás de un rostro pánfilo

Rostro blanco, pánfilo y enternecedor: esa es Amelie (2001), el personaje de la cinta del mismo nombre. Una película a la que le debía atención desde hace unos pocos años; y hasta hace poco decidí verla. Amelie revela una trama particular, con juegos de cámaras y escenografías llamativas, donde lo cotidiano se torna asombroso. Insistentemente nos recuerda la posibilidad de sorprendernos con cualquier cosa, y lo difícil que es recuperarlo por incontables razones.

Audrey Tautou retrata un ser despistado, que de alguna forma, busca darle sentido a su vida. Sus ojos devoran las historias que ocurren a su alrededor. Pero pronto, las cosas tornan un giro desconcertante donde, en un mundo en el que las cosas más mínimas suelen parecer indiferentes, resultan importantes para sus personajes. Ella buscará lo que su corazón le indique.

El elemento que impacta en este film (a mi parecer) es el trabajo musical a cargo de Yann Tiersen, cuya composición desata una técnica dotada de diversas fusiones: enontrando la música tradicional francesa ligada con la música clásica o académica. De tal forma su acabado expone una fuerte dosis emocional para la obra. Cada escena acierta con la ambientación musical.

La fotografía refleja el particular juego de los colores pasteles del cine europeo; nos transmite la perspectiva perfecta de los pensamientos y emociones de Amelie.

Jean-Pierrie Jeunet es un director realmente interesante. Aborda con detenimiento cada obra, independientemente del contenido o la temática de la misma. Nadie pensaría que este mismo hombre dirigió años antes Alien Resurrección (1997), una saga que continuará generándo horror para los seguidores de aquel futuro recuperado por el mismo Ridley Scott.

Los personajes de Amelie son curiosos. Tan abstractos como la historia misma. Cada actor se adapta y forma parte de la estructura del libreto; tanto como lo es para nosotros nuestra realidad. La cinta apunta a la condición social, principalmente, al escaso interés comunicativo que tenemos de ser receptores. SPOILER: Durante el tiempo que Amelie busca al dueño de la cajita que encontró en su apartamento, observamos el desinterés que tienen las personas en responder sus preguntas. Por otra parte, ella se convierte en una víctima de las declaraciones de cada una de ellas. Los personajes no logran desprenderse de su egocentrismo. Nos hace entender que los problemas solo son importantes para aquellos quienes lo padecen.

Particularmente, no existe un eje central en la historia, o por lo menos no hasta la mitad de la cinta. Jeunet y Guillaume Laurant elaboran un guión poco usual. De entrada, la narración no concreta una ruta a seguir. Se ve envuelta en diversass situaciones, triviales en algunos casos, pero que son entretenidas. Rompe el esquema de un patrón, donde las cotidianidades y los prejuicios se convierten en protagonistas, sin olvidar la voz en off, que narra, con un tono interesante y único, las barbaridades de la trama.

Una obra que causa un cambio en quienes logran experimentar su mensaje y labor artística.


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