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sábado, 10 de diciembre de 2011

José Andrëa se despidió en Caracas

El cantante de Mägo de Oz dejará la formación después de la gira de la banda española, que se presentó el miércoles en el CIEC de la Metropolitana

El pasado miércoles en la noche Mägo de Oz se presentó en el CIEC de la Universidad Metropolitana, como parte de la gira que marca la despedida de su vocalista, José Andrëa Martínez: EpílogoNaringólogo Tour 2011.

A las 8:20 pm, luego de una extensa dosis de Metallica, Iron Maiden, Nirvana y System of a Down por parte del DJ, salió a escena Alfredo Escalante para presentar a la banda española de folk metal.

Poco a poco los integrantes subían a un escenario oscuro mientras el público, no tan numeroso pero eufórico, gritaba y aplaudía con desgarre.

Comenzaron con "Satania". Vodka'N'Roll” y “Maritormes” continuaron con la descarga. En "Aquelarre" Patricia Tapia, corista del grupo desde 2007, compartió el protagonismo con José Andrëa. El público coreaba el nombre de la chica al finalizar el tema.

“Jesús de Chamberí” y “Alma” mantuvieron a los espectadores sumergidos en una ola de palmadas y saltos rítmicos. La balada “La rosa de los vientos”, puso punto y aparte en el concierto al unirse a esta Txus Di Fellatio, baterista, fundador y principal compositor de Mägo de Oz.

Los artistas siguieron con “Poema de la lluvia triste” y “Diabulus in música”. “Desde mi cielo” fue recibida con lágrimas y un mar de brazos moviéndose en el aire a modo de vaivén. Al cantar la última frase, José Andrea hizo un pequeño cambio al final de ella para entonar: “Caracas, yo nunca los olvidaré”.

"¿Ustedes creen que el cuerpo aguante?" fueron las palabras que iniciaron el ultimo fragmento de canciones. "Hasta que el cuerpo aguante", "La leyenda de la mancha", "Pensando en ti" y "La costa del silencio" continuaron hasta la esperada "Molinos de viento", en la que el público retomó fuerzas para corear una vez más las liricas de la banda española.

La noche finalizó con “Fiesta pagana”, seguido de una ola de aplausos y alaridos. José Andrea despedía a sus seguidores venezolanos con besos y gestos de afecto, al culminar su trabajo por una de las bandas más importantes del rock español.

miércoles, 27 de abril de 2011

Japón, la travesía de un periodista

Fernando del Rincón no se levantó, lo levantaron a las cuatro de la mañana. Benjamín Fernández, de CNN en Español, lo llamaba y le informaba que salía en dos horas a Japón, un terremoto de 8.9 en la escala de Richter se había registrado en la isla asiática y Fernando era el responsable de representar a CNN (cadena de televisión en la que trabaja) e informar todo lo que ocurriera a partir de ese instante.

Tomó su BackPack (bolso) y viajó de Atlanta a Portland y de ahí tomaría el último vuelo con destino a Japón. Casi no durmió, su mente recreaba los escenarios a los que debía presentarse. La idea de llegar a un lugar donde un tsunami había arrasado a ciudades enteras le tenía incomodo, inquieto, ansioso.

El primer problema que presentó Rincón al llegar al aeropuerto de Narita en Tokyo (Japón), fue la “Red idiomática”. Evidentemente no entendía nada del idioma japonés y mucho menos los símbolos y letras que se exhibían en los letreros del aeropuerto. Necesitaba trasladares a Büro en Tokyo, y las autoridades del lugar le informaban, por medio de señas y breves palabras que no podían moverse a causa del terremoto. Pronto, un joven japonés, que venía de Nueva York se acercó a él y le dijo que podía llevarlo a Büro ya que iba hacía ese lugar.

En el subterráneo el metro que los llevaba se detuvo por un momento. La bocina del conductor informaba que habían recibido una señal de movimiento telúrico a unos pocos metros de distancia y debían aguardar por unos minutos. En unos pocos instantes, el metro recobró movimiento y la prevención solo se limitó a eso.

Durante la primera transmisión de Fernando a CNN, vía Skype, mientras informaba sobre lo que acontecía en la Planta Nuclear de Fukushima, presenció una fuerte replica de unos 6.2 grados en la escala de Richter. Su cuerpo se erizaba y trataba de mantener la calma, de no alarmarse. De contener el pánico mientras temrinaba de dar la declaración. Ya fuera del aire se tranquiliza y trata de permanecer sereno.

Junto a Diego Laje (Productor de Campo) y Steve Coppin (Camarógrafo), se trasladaron a la Planta Nuclear de Fukushima. Hubo problemas para obtener el acceso ya que estaba prohibida la utilización de la carretea para los civiles. Por fin tuvieron paso y prepararon la primera transmisión en vivo desde “el lugar de los hechos”. Estaba a punto de amanecer y Fernando estaba iluminado por las luces del carro que los trasladaba. Terminado el boletín y con el sol reflejando una imagen clara de lo que estaba a su alrededor, lograron respirar y sentir los montones de cadáveres que se hallaban ocultos debajo de los escombros. Sus ojos no veían cuerpos, el agua los había ocultado, sin embargo, el escenario era catastrófico.

Se les unieron a la travesía los japoneses Yoshida Sam (Conductor) y Masajiro (Traductor). Pronto se encontraban en Minami Sanriku, el área más afectada por el terremoto. La zona se encontraba cubierta de nieve. Un gran frío sometía toda la región. Se divisaba también el terreno extenso conformado por astillas y escombros. La inquietud creció y las posibilidades de retirarse incrementaron al sentir el vació y el silencio que les rodeaba. Lo que tenía apariencia de un basurero, en realidad era el resultado de una catástrofe que había acabado con las casas y gentes que habitaban ahí. A pesar de eso mantuvieron la calma para seguir transmitiendo las noticias.

Al rato, se toparon con un contingente militar del ejército japonés. Un Mayor se le acercó y le dijo al periodista, “Usted habla español, ¿verdad?”, después del impacto que le causó oír estas palabras, dijo “Sí, claro. ¿Y usted, donde lo aprendió?”, “En Guatemala, yo estuve basado allá”. Del Rincón le pidió una entrevista al militar, “Debo consultar con los superiores”, respondió. Luego, con algo de curiosidad, este último le hace una interrogante “¿Cómo están viendo esto en América?”, “Pues no muy bien porque las fuentes oficiales no hablan mucho. Pero podría verse mejor si ustedes hablaran”. Se fue y en cinco minutos regresó concediéndoles la entrevista. El Mayor explicó que la más grande consecuencia de estos desastres naturales era que los cuerpos quedan debajo de la tierra, con las maquinas se hacía difícil sacarlos y que ,además, el agua los arrastran y los llevan al mar.

Sin poder aguantar más la situación que los envolvía en una angustia y pesar crónico, decidieron regresar. Pablo Herrera, corresponsal de CNN llegó dos días después de que el primer equipo (el de Fernando del Rincón) se retirara; por lo tanto la cobertura del catastrófico evento no se vio afectada.

Una vez en el aeropuerto de Akita, Diego, Steve y Fernando se despedían de su equipo local, Yoshida y Masajiro. Yoshida le preguntó a Fernando si había cumplido bien su trabajo, y este le contestó “Un 200%”. Los ojos del Sensei (Como le llamaba Fernando) no se contuvieron y comenzaron a derramar lágrimas. Fernando al fin se dio cuenta del sentido del honor que los asiáticos tienen; estaba honrando su trabajo.

lunes, 7 de junio de 2010

Después de Comer

La silla era sumamente incomoda, parecía que estuviera de acuerdo con la tripas que se retorcían del hambre atroz que me desgastaba. Cada vez que miraba, con ansias, el trayecto del lugar donde sale la comida, sufría. Los minutos fueron mortales, no podía con semejante angustia y el celular no era un buen pasatiempo, no ayudaba en lo absoluto.

De pronto, apareció, el pan del perro estaba gordísimo, la carne y el pollo desbordaban cuanta salsa habían colocado tan afanosamente. Los vegetales se encontraban en el fondo, excelente ingrediente ecológico. En el medio estaban las papas, saladas y crujientes. Y de último, en el techo, capota o cubierta del hermoso pan, la charcutería; una excelente combinación de jamón y queso amarillo; un toque de tártara dejaba el panorama perfecto para “el filo” que me cortaba las entrañas.

Tras unos pocos segundos, el perro desapareció y lo que había sido una tortura china, se convirtió en el tan esperado alivio. Esperé un momento, y me dedique a observar. Uno se vuelve mirón después de las siguientes acciones, o has ido al baño a contribuir con tu condición humana o acabas de comer.

Al frente, tres chamos; todos más o menos de mi edad. Discutían una diversidad de temas triviales, que me hizo sonreír en más de una ocasión; como por ejemplo: el curioso comentario del costo de una bala detallada, 7bsF, ¡NO JODA!

Pagué y me retiré, crucé la calle con total naturalidad, obviando por supuesto que el extremo al que me dirigía (extremo del parque) estaba totalmente oscuro. Claro, el razonamiento de la electricidad es un caso del que nadie se salva.

Cuando caminaba por la oscura acera, oigo a lo lejos un silbido y detrás una frase, “Epa pana”. Lo ignoré mientras me dedicaba a pensar en la llegada a mi morada. Ya terminando la cuadra, el silbido volvió, pero con mayor volumen e insistencia, y otra vez el espantoso, “Epa pana”. En ese instante, viré la cabeza y pude concretar una sombra oscura, alguien se aproximaba y venía ya con todos los pasos en dirección hacia mi.

Yo, como buen pendejo, observe el perímetro, rogando que alguien estuviera ahí, ya sea para suponer que la persona a la que “la sombra” llamaba era a ella, o para sencillamente no verme en un escenario tan incomodo. Pero que va, nadie, ni un carro, ni un alma, ni un perro, nada.

En ese momento lo supe, y lo supe muy bien porque el frio creció desde las nalgas hasta la cabeza y
luego al rostro; estaba cagado. Una lluvia de pensamientos y análisis me hicieron concluir lo que debía hacer.

Primero pensé en correr, uno aumenta su condición física cuando hay adrenalina en el cuerpo, y créanme que en el mío había mucha. Pero pronto fue descartada esa opción, ¿correr a donde? Me encontraba en un lugar desértico y mi edificio quedaba en la calle más oscura. Si lo hacía, me exponía a que pasara algo peor.

Luego solo supuse que debía seguir caminando, haciéndome el loco, pero ya era tarde, la figura revelaba a un hombre, de franelilla, vestía de negro y de piel trigueña. No supe que hacer, porque podía fijarme que venía solo, aunque el parque se encontraba sin luz, y podía ser la perfecta estrategia de un señuelo, para que una vez cerca de mí, salir de cualquier sitio otros dos o tres “locos” más.

Ante la desventaja que tenía por todos lados, y que de cualquier forma estaba solo; decidí enfrentar la situación, no muy convincente, claro está.

Me di vuelta y me acerque a la puerta del parque, la que da a la venida. Ya la figura no era figura, ya que al salir de las sombras, pude notar una pequeña cresta del cabello del chamo y de su mano un pequeño vaso, me hacía suponer su actividad previa. ”UFF, un punk anarquista”, me dije en mi cabeza, y las morochas volvieron a sus lugares.

-Háblame Joe- fue todo lo que me salió tras el segundo alivio de la noche. – Pana disculpa la vaina- dijo el chamo, que aunque no lo crean era más bajo que yo; parece mentira, las personas suelen ser más grandes mientras más lejos están – ¿Tú no sabes si por aquí controlan ganja?- fue su expresión mientras juntábamos los puños en forma de saludo, olvídense si creen que le iba a dar la mano, puede que tuviera burundanga.

Lo cierto es que al rato, la conversación fue simplemente agradable. Le hice entender que no consumía y que por esa zona no había nadie que le podía facilitar ganja- Tal vez en el centro –dije - Pero es que no somos de aquí, ando con unas jevas, soy de Barinas- -Ah ok, no eres de aquí- respondí con una carcajada.

Tras unas pocas palabras intercambiadas, el chamo dijo con cierta vergüenza, tal vez notó la cara de cagado que tuve al principio –Disculpa la vaina, yo no quiero hacerle daño a nadie, no me gusta para nada la violencia- fueron sus palabras mientras se llevaba el pequeño vaso de plástico a la boca, y los ojos verdes desprendían anarquía a chorros.
-Claro, 0 violencia- ¿0 violencia?, “que frase tan mala”; pensé tras meditar.

El joven se despidió y todo volvió a la normalidad. Llegué a mi casa, y conté la historia de manera resumida a mi familia, con una ñinguita de gracia, por cierto. Es curioso, pero lo que yo pensaba que me iba a pasar, lo que viví en tan pocos, pero tan pocos segundos, terminó siendo un simple episodio en mi vida. Obviamente esto pasa, cuando el contexto sombrío y mi perplejidad, se juntan para hacerle a su buen servidor, una mala jugarreta.

Diego Hernández León

Una agitada mañana

Me bajé del autobús como siempre, semi-despierto. Los pasos eran inmensos yunques que imploraban que me detuviera ante las bancas ubicadas a las doce en punto, pero no, la responsabilidad y el remordimiento masticaban en mi mente como un chicle que ya había sido triturado por horas. No sé por qué, pero cada miércoles en la mañana, el trayecto de la entrada a los bloques, es cada vez más lejana. Como en esos sueños en los que el camino se aleja y te sumerges en el recuerdo del famoso “Moon walk” de Michael Jackson.

Era el comienzo de clases, y para mi sorpresa había demasiada gente circulando de aquí para allá, como si se tratara de una estación de metro o algún terminal. No terminé de entender la realidad hasta que el estomago rugió como Smaug, el famoso dragón que fue el dolor de cabeza de Bilbo en la Montaña Solitaria. Saludo, suelto el bolso y me pierdo, tres movimientos rápidos que me dieron la posibilidad de llenar el saco de forma bastante improvisada.

Luego del retorno al salón, la clase comienza de manera normal. La entrega de los trabajos, que habían sido asignados para después de vacaciones, delataban aquellos rostros que por alguna confusa, desquiciada, sinvergüenza y desequilibrada razón nos tenían en un ambiente lleno de repudio hacia nosotros mismos.

Transcurrida la primera hora de clase, ya se sentía en el pasillo, la turbulenta oleada de gritos, consignas y aplausos. Como siempre, la clase continuó ante la desconfiada situación. Sin esperar lo inesperado, se escuchó un gran estruendo, que consiguió girar la cabeza de la profesora con una velocidad de relámpago, justo en el momento en que se dirigía a plasmar una idea en el pizarrón. Su cara era una composición de terror y asombro, que se desproporcionaba en los ojos inyectados de furor.

A pocos instantes de finalizar la clase, la ventana ya mostraba un mar de personas que se dirigían a toda velocidad por la grama, luego al estacionamiento y después al portón.
¡CLARO! La reforma de la ley, era la razón de esta nueva huelga que nos ponía los pelos como escarpia, debido a la cantidad de rumores que nos tenían invadidas nuestras mentes.

Cuando salimos del salón, agrupados como una manada de cebras, las cabezas de las personas que se encontraban al final del pasillo apuntaban a una sola dirección, la de la calle. Y para no darle más rienda suelta a la imaginación, un pobre camión de Plumrose se alejaba inútilmente en retroceso ante la acometida de los protestantes.

Cuando mis sentidos de periodista despertaron y mi intensión de dirigirme a la “escena del crimen” crecía debido a la adrenalina, una inoportuna mano me sujetó con fuerza y me alejó de mi mayor deseo de información.


Gráfica: www.panoramio.com/photo/20157052

Diego Hernández León