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martes, 18 de octubre de 2011

Chico y Rita: Trueba, música y animación

Fernando Trueba, junto al diseñador Javier Mariscal, realizaron una de las cintas más hermosas y románticas ha podido ofrecer la 15 edición del Festival de Cine Español en Venezuela. La génesis de esta idea se remonta al 2003, unos años después de que Trueba realizara aquel documental titulado Calle 54, el cual reagrupa a todas las figuras (vivas hasta el momento) más emblemáticas e importantes del Jazz latino. Esta experiencia, y su amor por la música cubana, lo llevaron a elaborar la idea de una cinta de ficción ambientada en La Habana de los años 40s. El resultado es una colección exquisita de una historia de amor, un riguroso trabajo de animación, así como también la música que acompaña la obra bajo las órdenes de Bebo Valdés. Una corriente de sonoridades que transitan por las calles tanto de La Habana como de Nueva York, inmersas de guaguancó, jazz, boleros y demás.

La trama se concentra en relatar la historia de amor de Chico y Rita, dos jóvenes cubanos que se juntan por primera vez gracias al hecho de ser amantes de la música y que se disponen a cumplir sus sueños y triunfar a como dé lugar; uno como intérprete y compositor y la otra como cantante. Su vida resulta ser un vaivén de situaciones que los unen y separan constantemente mientras los obstáculos se interponen en su vida.

El guión peca de repetitivo en determinadas circunstancias por este hecho de reencontrar y separar a los personajes, sin embargo, el transcurso de la cinta causa un efecto totalmente entretenido hasta su final al enriquecerse de la “participación” de importantes figuras de la escena musical de los años 40s y 50s como Dizzy Gillespie y Tito Puente. A esto le agregamos la labor artística de Javier Mariscal, el diseñador español que se ha sumergido en el cine de una manera tan apasionada que sus dibujos y animaciones complacen al espectador recreando una atmosfera urbana verosímil, cautivadora y noble.

Fernando Trueba, luego de venir de su película El baile de la Victoria, la cual no convenció a la crítica, retorna a su caprichosa pasión musical aplicada en Calle 54. Este director es un melómano capaz de canalizar sus dotes de artista para llevar de la mano ambas artes sin descuidar la importancia del lenguaje cinematográfico y el de la partitura. El director se ha reencontrado con la música de una forma tan contundente que reitera la singularidad de su filmografía, tan diversa como la selección de géneros musicales que escoge para esta cinta así como también el reencuentro de la más digna y beneficiosa mezcla. Su dirección se desplaza en el ambiente de una época prolífica de la música cubana y norteamericana, recreando las virtudes y el acabado artístico de las fusiones sonoras mientras cuenta la relación de Chico y Rita, trepidante como el Jazz y romántica como el bolero.

La producción sin duda es un regalo de estos realizadores que han rescatado una época dorada, imposible de olvidar y que en definitiva es una divertida y seductora película hecha con el cariño más grande que se le puede depositar a una creación.



jueves, 18 de agosto de 2011

X-Men: First Class

Sinopsis: Antes de que los mutantes salieran a la luz pública y Eric Lensherr y Charles Xavier se convirtieran en Magneto y El Profesor X, se encontraban unidos por una causa en común, detener al temible Armageddon. Más tarde, ambos tomarían caminos distintos debido a sus puntos de vistas con respecto a los mutantes y su presencia en la tierra;, antes de que Xavier luchara por la paz y Magneto determinara una guerra.

X-Men comenzó su faceta a la pantalla grande en el año 2000 bajo la dirección de Bryan Singer, quién desarrollo una trama solida al representar cada uno de los personajes con originalidad y una estética moderna sin descuidar la esencia de sus creadores de historietas: Stan Lee y Jack Kirby. Dirigiría también la segunda entrega que mantendría el tono, madurez y continuidad de la primera.

Posterior a esto, las cintas de X-Men se han mostrado con una relativa y dudosa calidad (X-Men: La Batalla Final y X-Men Origins: Wolverine). Ninguna demuestra la envolvente narración de sus predecesoras; en su defecto se encargaron de mostrar más personajes (mutantes) y acción sin un convincente respaldo argumental.

Ahora, dos años después, llega una nueva historia. El director Matthew Vaughn (Kick Ass) viaja por el tiempo y nos ofrece X-Men First Class, la cinta dedicada en demostrar los años de juventud de Magneto y el Profesor X. Ese periodo nostálgico que ambos, ya viejos, recuerdan al cruzar miradas o en un tablero de ajedrez. Esta es la intensión de la última entrega de los hombres x, además de la revelación de los mutantes a la humanidad. La cual no supera los trabajos de Singer, ya que posee aspectos decepcionantes y complejos, pero que contiene muchas virtudes.

Las actuaciones son un punto a su favor. Cada intérprete recobrar con autenticidad su personaje. Los protagonistas, Eric Lensherr y Charles Xavier, encarnados por Michael Fassbender y James McAvoy respectivamente, desempeñan su labor con determinación, definiendo las personalidades y objetivos de sus papeles con convencida armonía. No esperaba menos de McAvoy, a quien tuve la oportunidad de ver su excelente actuación en la cinta El último rey de Escocia, junto al ganador del Óscar Forest Whitaker. Por otra parte, Fassbender asume a Eric con soberbia y osadía, revelando las razones que lo transforman en el futuro Magneto.

Un aspecto a relucir es la numerosa lista de personajes. Que si bien permite tener una concepción más amplia del mundo de Marvel y complacer el capricho de numerosos fans, tienden a sobrar a tal punto de ser poco (o nada) significantes para la trama. Tal es el caso de Mystique, caso del que hablaré más adelante.

En el caso del guión hay elementos que congestionan la historia. El fragmento dedicado a explicar el aprovechamiento de la guerra fría por parte de Armageddon (villano principal interpretado por Kevin Bacon) resulta bastante recargado para la trama. En momentos se divaga en tantos detalles que recarga la historia y su razón de ser (La relación entre Magneto y Xavier). Por otra parte, el personaje Mystique, tan sensible y risueña, recuerda más bien a una Candy Candy reprimida por lo injusta que es su vida; desaparece por completo la frivolidad de las cintas de Brian Singer y la apasionada Mystique de la serie animada de los 90s. Además de esto, es muy poco creíble su relación de hermano con Javier, tan falsa como el maquillaje que usa. De gama muy baja al tener la más obvia referencia; la azulada fachada que cubría a la actriz Rebecca Romijn. Estos factores son los que considero que afectan negativamente la cinta.

Su director, Matthew Vaughn, mantiene una puesta en escena dinámica, con una buena dosis de humor (la necesaria) que mantiene al espectador atento. Deja que sus personajes sean más humanos (vale la contradictoria aseveración a pesar de estar hablando de mutantes) sin caer en un melodrama ridículo y redundante.

En definitiva X-Men: First Class posee un alto nivel técnico y narrativo. Marvel, a pesar de poseer fracasadas obras (Spiderman 3, Los 4 Fantásticos, Ghost Rider) ha sido inteligente en llevar, pieza por pieza, su universo al séptimo arte. Los origines de su mutantes veteranos son un ejemplo de ello. Por supuesto, la espera y el gran impacto recae sobre la esperada y ambiciosa The Advengers; cinta que se encuentra en proceso de rodaje y que marcará una etapa importante en toda la filmografía de superhéroes.



sábado, 6 de agosto de 2011

Una Mirada al Mar: El poco efecto de la nostalgia

Sinopsis: Rufino, un señor de 71 años, queda viudo y decide volver al pueblo donde conoció a su esposa. Allí se reencuentra con sus paisajes y su gran amigo Gaspar, pintor que se ha hecho cargo de una pequeña niña huérfana de ocho años llamada Ana E. Rufino se verá obligado a convivir con esta niña pese a su hostil relación.

Lamentablemente el tráiler de Una mirada al mar promete una película distinta al momento de verla en el cine. Quisiera comenzar apuntando los puntos favorables de esta película que, en definitiva, es una obra débil en argumento, puesta en escena, dirección de actores y despliegue técnico.

El arte de Una mirada al mar refleja esa ingenuidad y torpeza con la que los niños elaboran sus dibujos. Esta característica llena de colores todo el film, haciendo un buen contraste con el colorido paisaje costeño de la historia. La ingenuidad es el complemento.

Otro gran aporte que salva el film es la actuación de la niña protagonista Yucemar Morales como Ana-E. Sin duda es quien más en serio se toma su trabajo, lo hace resaltar pese a las limitaciones de un guión redundante y lo que es más importante, a diferencia de todo el elenco que la rodea, disfruta a cada momento su personaje, su actuación, su trabajo.

Ahora, poco tengo que rescatar de la película ya que de entrada busca generar un aura de nostalgia y reflexión en torno al personaje de Rufino, interpretado por el actor venezolano Fernando Flores. La pérdida de su esposa y su encuentro con la niña Ana-E a modo de tomar un giro en su vida, no representan un personaje interesante. Su comportamiento, extremadamente deprimido, se queda en un estado de nostalgia que poco tiene de verosímil y poco aporta para la definición del personaje como un ser derrotado por la vida y la vejez.

Las escenas y diálogos de los personajes lucen improvisados, poco ensayados. No se logra extraer lo mejor de sus intérpretes quienes comparten intereses, pasiones y vivencias en la historia pero que carecen de entrega.

Existen deficiencias notorias en el área técnica de la película. Como el uso de la cámara en mano en escenas que no requieren de dicho recurso o errores y discordancia en el montaje, haciendo las secuencias forzadas al momento de cambiar el ángulo o la escena; quizás por estar a cargo de ocho manos este departamento (Armando Silva, Carlos Mendoza, Andrea Ríos y Liana Domínguez).

La narración es bastante plana, con pocos altibajos. Las dificultades a las que se enfrentan los personajes no son del todo trascendentales, o por lo menos la película no logra convencer lo contrario. Sin embargo, queda expresado con cierta ternura y simpatía el encuentro entre los personajes de Rufino y Ana-E en la playa, una vez que ya se conocen mejor; separados por años de distancia pero encontrados por una razón tan cruel como la soledad.

No he visto el trabajo colectivo que realizó Andrea Ríos en 1,2 y 3 mujeres junto a Andrea Herrera y Anabel Rodríguez, aunque este, Una Mirada al Mar, termina siendo su primer largometraje de ficción que no termina de convencerme. Paradójicamente, es actualmente la película venezolana más taquillera en Venezuela, así que, la visión de quien escribe estas líneas no es en definitiva una sentencia de la calidad de esta cinta. Comprueben y comenten.



domingo, 24 de julio de 2011

Harry Potter y las reliquias de la muerte - Parte 2: Un final de impacto

Sinopsis: Los horrocruxes, objetos que contienen en fragmentos el alma del Señor Tenebroso, deben ser encontrados por Harry y sus amigos. De esta forma, podrán destruir de una vez por todas a Lord Voldemort. Por supuesto que la tarea se verá interrumpida por numerosos obstáculos que pondrá a prueba toda la capacidad del joven mago para concluir su objetivo final.

Si bien era de esperar que esta última entrega de Harry Potter iba a estar cargada de increíbles efectos especiales, mucha acción y un final feliz para todos sus ya predispuestos seguidores, sigo creyendo que el film no necesitaba dividirse en dos entregas. Harry Potter y las reliquias de la muerte - Parte 1 pudo ser suprimida a una hora de duración (incluso menos). Sin embargo, el final del joven mago ha sido de tan alto éxito que la taquilla sencillamente habla por sí sola.

Quisiera aclarar que vi la entrega en su idioma original (inglés) y que dicha experiencia nos hace apreciar verdaderamente las interpretaciones de los grandes actores que integran el reparto de Harry Potter y las reliquias de la muerte - Parte 2. Ralph Fiennes, Alan Rickman, Michel Gambon, Helena Bonham Carter abordan sus personajes con la maestría y destreza que en las secuelas pasadas. El trió de jóvenes amigos (Daniel Radcliffe, Emma Watson, Rupert Grint) demuestran una madurez actoral importante; pero mi interés en este caso va dirigido en recuperar algo que quizás muchos olviden y obvien por distintas razones. El segmento dedicado a el duende Griphook, interpretado por Warwick Davis (el enano de manos grandes),quien interpreta también otro personaje (Filius Flitwick) nos ofrece una actuación soberbia y digna de respeto al actor que encarnó en su oportunidad a Willow en la película del mismo nombre. Que sea este pequeño espacio un reconocimiento a tan significativa labor.

Asombra el despliegue de efectos especiales que conforman la película. Las escenas de acción se visten de verosimilitud y las criaturas mágicas (como el dragón del comienzo) reflejan un trabajo resuelto y profesional por parte de las compañías encargadas en la materia. Sin embargo, parte de mi capricho quiso observar con más detenimiento la batalla final en Hogwarts. Se sabe que muestra una muy buena parte de esta secuencia, aunque no con la atención que esperaba. Sin embargo es evidente que la atención debe recaer sobre la narración central de su protagonista y su objetivo en la trama.

En el caso del argumento, por mencionar un dato un tanto incompleto, se observa desplazada la figura paterna del joven mago. La saga completa muestra a Harry Potter atormentado por su oscuro pasado que arrastra la muerte de sus padres. Mientras la historia avanza (entre libros y películas), sus padres realizan apariciones para comunicarse con el muchacho; las mismas en un tono familiar, compartido entre madre y padre. Pero es este film, el último de la historia, que poco (casi nada) le dedica espacio a su padre; o mejor dicho, a la figura familiar recreada previamente. Ha de ser por el importante papel que define la madre y su experiencia compartida con Snape; de igual forma el contraste es abrumador.

Creo haberlo comentado en algún otro artículo, pero vale la pena reafirmar el punto de dirección. David Yates fue el encargado de dirigir las últimas películas de la franquicia a partir de la quinta entrega. Es curioso que la productora Warner Bros. Picture le diera la batuta al que hizo dos de las cintas más flojas de este mundo mágico. Por su parte, Harry Potter y la reliquias de la muerte - Parte 2 concluye como una cinta admirable en el manejo de su contenido dramático, una consistente labor de actuaciones y un guión que se vale del argumento de su creadora (J.K Rowling) para ser un punto final digno (ESPERAMOS) ante la eterna y persistente lucha entre el bien y el mal.



domingo, 10 de julio de 2011

Reverón: Una luz y sus matices

Sinopsis: La historia se traslada a 1920. Armando Reverón es un pintor venezolano que vive a las orillas del mar para trabajar en el desarrollo de su obra; alejado de la sociedad, de todo. Un día conoce a Juanita Ríos, personaje crucial de sus pinturas, quién compartirá sus experiencias, sus locuras y el resto de su vida.

Armando Reverón e
ra un ser obsesionado por la imagen. Adoraba las sesiones fotográficas, terminaba dirigiendo los pequeños rodajes que se le hicieron en vida y ni hablar de su trabajo con la pintura. Siempre fue un amante de la imagen y la imagen en movimiento. Solo faltaba que alguien se atreviese a narrar la vida de este gran personaje, de este gran icono de Venezuela. Y así, con la incertidumbre de contar esta historia de ficción que orbitó por años y años como tentativa en el limbo de la cinematografía, nació el film “Reverón” del director Diego Rísquez.

Un factor que resplandece en la primera etapa de la narración del film es la escasa inclusión de diálogos. Rísquez utiliza el recurso de las palabras cuando es totalmente necesario. No se concentra en explicar cada costumbre de su personaje, le deja oportunidad al espectador para que comprenda sus acciones con solo las miradas y gestos de su actor. Decide también, interpretar esa relación intimista entre Juanita y Armando con cierto distanciamiento en su primera época juntos; haciéndola lenta, romántica, pura y tormentosa. Reverón se sumerge en sus pensamientos y recuerdos mientras Juanita solo cumple el papel de compañera, poco preguntona y fiel protectora del pintor.

Los personajes centrales, Armándo y Juanita, ejecutan una labor particular de pareja atípica. Ambos, llenos de locura, son quienes llevan de la mano al espectador para revelar el mágico mundo que recrearon en las playas de Macuto. El primero, desempeñado por el entregado en cuerpo y alma Luigi Sciamanna, se encuentra perdido en su mundo de luz y remembranzas familiares; y la otra, en manos de la actriz Sheila Monterola, desprende su virtuosa ingenuidad; dejándose influenciar por su compañero.

No se podría crear un mejor ambiente para el personaje sin el trabajo de Cezary Jaworski en la fotografía y Alejandro Blanco Uribe en la música. Jaworski desempeña una cuidadosa labor en sus planos en picado, travellings y encuadres que desprenden una analogía similar a la de las pintura. La fotografía cuida el tratamiento de la luz que tanto consumió a Reverón, haciéndola sutil y atmosférica en la privacidad e intensa y radiante en los momentos más difíciles oscuros del personaje. Blanco Uribe, por su parte, desata un increíble trabajo musical que compenetra perfectamente la imagen y puesta en escena que desarrolla el director. Ejemplificado y resumido con el sublime y tierno tema “Niña Dulce”; en la que el actor Luigi Sciamanna comparte su faceta de cantante.

Quizás el desenlace de “Reverón” deja más que desear por imprecisiones referentes al paradero de algunos personajes al momento de finalizar el rodaje. Sin embargo, Diego Rísquez ha creado una obra valiosa en su narración sensible y sutil. A través de su dirección rememora, no solo el legado de su protagonista, sino también del personaje; del loco. Rísquez se desplaza con destreza en su contexto de mar, arena y madera al representar la vida de Reverón; que va acompañada de diversos personajes durante el rodaje. Luis Fernández, Antonio Delli, Héctor Manrique y Adrián Delgado son algunos de los rostros que terminan abordando la historia de un ser de extrema sensibilidad; que halló el sentido de su existencia en Juanita, la luz y los cuadros que dejó para la historia.



sábado, 9 de julio de 2011

Todo sobre mi madre (1999): Mujeres, dolor y vida

Describir una película de Pedro Almodóvar es tener que hablar de sus mujeres. El gran Joaquín Sabina lo hizo magistralmente en su canción Yo quiero ser una chica Almodóvar, en la que hace un recorrido, no solo por las actrices, personajes y películas del director, sino que también hace referencia a todas esas mujeres que influyeron en su modo de ver y contar la vida. Marilyn Monroe (en Some Like It Hot), Holly Golightly (de la novela Desayuno en Tiffany de Truman Capote) o Sara Montiél, recordada en su ilustre película El último cuplé (1957).

Dicho esto, me atreveré a indagar y opinar sobre la película más emblemática del director español, Todo sobre mi madre, sin hacer, por supuesto, caso omiso a las protagonistas de la trama: las mujeres.

La historia relata la vida de Manuela, una mujer que, mantiene concentrados en sus profundos y distantes ojos claros, un intenso secreto. La mirada de su hijo Esteban, responde con interrogación los de su madre. Este joven aspirante a escritor, para poder encontrarse consigo mismo, sus páginas y palabras, necesita saber sobre su padre.

El detonante del film se encuentra con la muerte de Esteban, a partir de este instante, el personaje de Manuela, desgarrado por la irremediable perdida, emprende una búsqueda al pasado. Almodóvar le da a su mujer un tratamiento de profundo dolor. En su búsqueda, se encuentra con experiencias diversas, absurdas, y personajes tan disparatados que dificulta la posibilidad de creer que tales seres y situaciones representen un sector inevitable de la sociedad.

Almodóvar, como característica propia de la movida madrileña de los 80s, retrata en su trama una cruel y frívola verdad. Ya no vemos solo el humor parlante y crónico de Mujeres al borde de un ataque de nervios. Pese a no estar ausente el factor risa que caracteriza su cinta, el ambiente de Todo sobre mi madre es lúgubre, oscuro, lleno de extraños hombres que solo lucen orgullosos su fachada y estética de labial, tacones y falda, en las penumbras de la oscuridad.

La escena que dirige el encuentro de Manuela con Sagrado (su amiga transexual) se desglosa con un tono de suma medición al recorrer la ciudad de Barcelona, importante emblema de arte y cultura como cualquier otra ciudad grande de Europa. Pero este lugar también esconde una faceta underground que Almodóvar la hace sublime al retratarla por medio del cristal del taxi donde Manuela busca con la mirada a su amiga. Después de varios túneles, un terreno aislado se encuentra invadido por autos y motocicletas. Tal cual “criaturas de la noche” los travestis se abren paso ante un circulo de vehículos que giran y giran como el vicio que ata a las protagonistas a permanecer en la única forma de vida que conocen. La escena la acompaña el músico senegalés Ismaël Lo con su tema Tajabone; la pieza que complementa la secuencia marca el lado sensible de Almodóvar. Esta escena concreta la vida del film.

Al mismo tiempo, son muchas las mujeres que participan en la obra, extraviadas en un laberinto extenso de situaciones que terminan conectándolas amistosamente con Manuela, el núcleo de la narración. Huma Rojo como indirecta causa de la muerte del hijo de Manuela; Agrado, la mujer en el cuerpo de hombre, como parte del pasado que trata de rememorar y en el que busca ayuda; y Rosa, una joven con un problema similar al de Manuela años atrás, aunque con una carga más pesada. Todas y cada una de ellas tan parecidas como distintas. La amistad resulta más bien una sátira de la vida, absurda como la referencia usada al comienzo de esta crítica.

Almodóvar define una forma particular de hacer cine. Auténtico en moldear sus guiones y protagonistas; infinitamente atraído por lo que en su país de origen (España) era un gallo tapado ante la autoridad militarista. Si discurso narrativo explora en lo prohibido aunque con magistral desempeño; haciendo la referencia de la mujer, una constante y digna oda en la que el autor les agradece eternamente.



sábado, 11 de junio de 2011

James Dean, el rebelde, el joven, la leyenda

La juventud como etapa de transición definitiva para todos. Como un punto increíble que marca plenamente el futuro de nuestras acciones, nuestra filosofía y perspectivas ante la realidad que nos rodea. En ocasiones, muchos jóvenes talentosos, prodigios de cualquiera de las artes, concluyen prematuramente sus vidas (con o sin voluntad propia) en esta encrucijada de cambios y sueños. Tal como le ocurrió al inmortal James Dean.

Dean es y será un icono de la juventud norteamericana. Con el pasar del tiempo, esa fachada de “chico malo” le abrió caminos por todo el continente y, hoy en día, se le recuerda ante un legado que tocó las entrañas de cada joven en cualquiera de sus generaciones.

Dejó bien clara su presencia como chico rudo en su film Rebelde sin causa (1955), una película dirigida por el gran Nicholas Ray; adaptación del libro de Robert M. Lindner, Rebel Without A Cause: The Hypnoanalysis of a Criminal Psychopath. En esta cinta, joya indispensable del cine clásico, Dean dió vida a Jim Stargk, un joven que se moviliza constantemente con su familia por todo Estados Unidos y que al llegar a una nueva ciudad, trata de ganarse el grupo “popular” del instituto, el grupo más difícil. La meta de Stargk se ve afectada por un síndrome nostálgico que encuentra una lucha entre el honor, la inmadurez y la pasión que lo identifica. Esta etapa post-guerra, en la que los adolescentes eran víctimas de la ignorancia de sus padres. Particularidad que originaba una forma extremista de “entretenimiento”, portal de maniobras que expresaban críticas, reclamos; una protesta ante la sociedad conservadora de la época.

Numerosos movimientos nacen de estas circunstancias, en la que innumerables chicos tomaron el rumbo de su futuro con sus propias manos. Inglaterra lo vivió de cerca con el movimiento punk; violento y anarquista que llevaban como bandera a la banda Sex Pistols; se abrían paso entre la burguesía monárquica. La generación beat de los años 50s (corriente norteamericana de poetas y artistas) desencadenó lo que en los 60s sería el movimiento hippie, retomando de nuevo el tema de la guerra. Esta vez, no con la violencia como arma. Todo lo contrario, los ideales sentaban las bases en dos valores elementales: paz y amor.

Todas estos elementos formaron parte de la imagen que obtiene su detonación (o por lo menos así quiero creerlo) en la influencia de James Dean y su imagen rebelde, en la que precisamente ese rebelde sin causa tenía más causa que cualquier otro gobierno. Una causa ausente, en principio, de ideales y formas, pero que cobró cuerpo con el transcurso del tiempo.

No puedo mencionar a Dean sin antes pensar en una gama de jóvenes que ocasionaron el mismo efecto. Se transformaron en iconos de la juventud y ofrecieron una identidad, un refugio, una brújula en el camino de sus vidas. Brandon Lee, imagen indispensable de quien escribe estas palabras, pasó a la historia con su gran película El Cuervo (1994), dirigida por Alex Proyas y basada en el comic de James O´Barr. No fue solo la venganza del personaje Eric Draven lo que permitió un legado importante para el hijo de Bruce Lee, sino también la forma y las condiciones en las que murió mientras filmaba la película. Ahí les dejo el dato.

Otros, alejados de los accidentes, provocaron un proceso de autodestrucción impresionante en su imagen, cuerpo y espiritu. La muerte del actor River Phoenix (23 años) por sobredosis de drogas, así como también la de los músicos Jimmi Hendrix, Janis Joplins, Jim Morrison, Brian Jones o el proceso depresivo de Kurt Cobain, tan afectado por una sociedad consumista que desencadenó en el suicidio. Estos últimos contaban todos con 27 años.

En el caso venezolano, nombraría a Cayayo Troconis, ex integrante de la legendaria banda Sentimiento Muerto y responsable del proyecto musical más impactante e ignorado de los años 90s, Dermis Tatú. El consumo a la heroína llevó a Troconis a desgastarse lentamente. Así perdimos uno de los seres más talentoso y sensibles (tal como lo relata su eterno amigo Cangrejo) de nuestro país.

Para James Dean, el futuro se interrumpió mientras conducía su Porshche Spyder 550 el 30 de septiembre de 1955. Un accidente automovilístico terminó con la vida del actor quién dejó, no solo la obra de Ray, sino también otros reconocidos títulos como Al este del Edén (1955) de Elia Kazan y Gigante (1956) de George Stevens. Tenía 24 años.

Estoy seguro, que si hubiese sido un adolescente en los años 50s, Rebelde sin causa sería una de mis películas favoritas y James Dean una influencia grande para mí. Su actitud rebelde, su influencia, su modo de revelación y su actitud, marcaron el séptimo arte haciendolo un icono invencible e inolvidable.



sábado, 4 de junio de 2011

Último cuerpo: La crónica roja de Maracaibo

El día que decidí ver la película Ultimo Cuerpo me encontré en una encrucijada de tal deshonestidad y tristeza que me recordó la eterna lucha que padecen nuestros cineastas para realizar sus obras en Venezuela.

Eran exactamente las 9:00pm cuando llegué a la taquilla. La película correspondía iniciar a las 9:20pm; lo que me daban 20 min para comprar el boleto y subir a la sala. La sorpresa llegó al enterarme, de boca de quien me atendía, que la función había sido cancelada porque previamente no habían comprado entradas para la función. No vi película ese día. Al siguiente, llegué con una hora de anticipación para reservar la sala completa, ya que nadie más que lo iban conmigo, ocupábamos los numerosos asientos de la sala 4.

Ahora sí, la crítica de hoy:

Sinopsis: Heriberto Camargo es un reconocido periodista zuliano que se ha hecho famoso por sus crónicas rojas en el diario El Marabino. Una nueva serie de asesinatos le harán integrarse por completo al crimen que pone en peligro su carrera y, peor aun, su vida.

Desde el inicio, Carlos Malavé (Por un Polvo, Las caras del diablo) nos ha demostrado ser un importante precursor del cine independiente. Con esta última obra, continúa su trabajo de acción, humor y drama, aunque con una formula mejor contada, cuidando con detalle la puesta en escena y la estructura narrativa.

La base de Ultimo Cuerpo se concentra en el guión de su director (el argumento inicial pertenece a Dámaso Jiménez y Edwing Salas) para narrar un contundente thriller policiaco. La primera parte observamos un lapso de sucesos que permiten comprender de que va la trama mientras quienes la integran se encargan de revelar la verdadera protagonista del film: la muerte; su significado y filosofía.

La segunda mitad del film rompe el esquema tradicional cronológico de narración que observamos en un principio. A partir de este instante, Malavé se desplaza entre el pasado y el presente de los hechos para dejar entrever, de poquito en poquito, lo que depara el futuro de los personajes.

William Goite interpreta a Heriberto Camargo (papel inspirado en Heberto Camacho), reconocido periodista de Maracaibo que mantuvo por más de 30 años a los zulianos con los ojos enterrados en un periódico que contaba, entre condimentos y salsa, sus crónicas rojas. Goite desarrolla, como anillo al dedo, a un personaje dicharachero y apasionado, que le permiten demostrar, en numerosas ocasiones, momentos de gran relevancia y distinción actoral. Otro aporte firmemente definido que integra la ficha artística lo complementa Miguel Ferrari. Severo y visceral comisario de apellido Sangretti. Ambos actores figuran como auténticos maracuchos.

Otra faceta importante del film se basa en las frecuentes disputas entre el periodismo y la policía. Ambas entidades se concentran en obtener la mayor cantidad de información para cumplir sus prioridades e intereses. Lo que nos lleva a una contundente pregunta ¿En qué momento un caso empieza y deja de ser una noticia? Reconocidos films sustentan sus guiones en esta importante guerra por la verdad; donde las evidencias y pruebas de un crimen terminan siendo el tubazo de la primera pagina de un periódico. Todos los hombres del presidente (1976) State of Play (2009).

Lo que no logra fluir con completa libertad en el film de Malavé son las secuencias de acción y algunos problemas en cuanto al montaje. Existe un trabajo de producción más cuidado en comparación a cintas pasadas. A pesar de ello, se notan fallas en la edición de las escenas con armas.

Hasta la saciedad las películas venezolanas se han apoderado de las fuentes de sucesos, tiroteos, barrios y prostitución. A pesar de ello, Carlos Malavé nos reitera, así como lo hizo Marcel Rasquin (Hermano) y Diego Velasco (La hora cero), que lo importante de una narración no solo se fundamenta en el fondo sino en la forma. En el caso de Último cuerpo, su fuerte es la localidad marabina; que le permite integrar la comedia que sustentan los humorísticos diálogos alternada con la tragedia perpetua de sus personajes.



domingo, 29 de mayo de 2011

Los ojos de Julia: Suspenso a ciegas

Sinopsis: Julia, quién sufre una pérdida progresiva de la visión, se entera de la muerte de su hermana Sara (quién también padece esta enfermedad); aparentemente las causas apuntan a un suicidio. Ante su interés y terquedad por saber que ocurrió con su hermana, decide averiguar a fondo la misteriosa muerte. Esta búsqueda la llevará a una situación similar a la de su gemela.

Rememorando un poco, el mexicano Guillermo del Toro respaldó el film de Juan Antonio Bayona, El Orfanato, quién supo narrar la historia de un lugar perturbado por una ánima que se reúsaba irse; Bayona mantuvo esa misma esencia de terror en una faceta más musicalizada cuando dirigió el video “Frente a frente” de Enrique Bunbury.

Del Toro, a quien le conocemos importantes cintas como El Espinazo del Diablo, Blade II, la saga Hellboy o El Laberinto del Fauno mantiene su trabajo como productor apoyando ese cine de fantasía y ciencia ficción que tanto le apasiona. En esta ocasión apuesta por el trabajo de Guillen Morales. Otro director español que comparte una trama densa en su narración y solida en la puesta en escena. Respaldada por una gama importante de actores que permiten abrir esa forma de suspenso.

Guillen Morales desglosa, en el guión que escribió junto a Oriol Paulo, la continua atmósfera de suspenso que se apoya en la actuación de Belén Rueda, firme en sus diálogos e intensa en las situaciones más insólitas del film. El tratamiento de la historia, reitera en todo momento, recrear un aura silente y pausada, pero Morales retoma un giro interesante de la trama que va dirigida al terror creado por la mente humana, nutrida de la obsesión de un hombre vil y dominante.

La narración está ausente de hechos sobrenaturales, aunque prevalece la intensión del director por mantener esa idea al dejar expuesta una delgada línea de incertidumbre entre la realidad y los traumas que someten a Julia. El propósito de la protagonista, no va solo dirigido a la revelación de un asesino, sino al envolvente miedo que le debemos (todos) a la posibilidad de quedar excluidos del sentido visual, indispensable recurso de nuestra rutina. Por cierto, los ojos cubiertos por el intenso azul pálido de algunas personas invidentes que aparecen en el film, son algunas de las imágenes más terroríficas e impactantes. Sus actores recurren a expresiones tan abominables que se les deja marcado en su rostro esa intensa búsqueda por adivinar, a través de sus otros sentidos, lo que acontece en su entorno; manteniendo esa mirada inútil perdida en el horizonte.

El antagonista de Los ojos de Julia lo interpreta Pablo Derqui (Iván). Un personaje enigmático, según la percepción que le ofrece Créspulo (Conserje del Hotel donde estuvo Sara) a Julia revelándole una singular descripción del acompañante de su hermana: un hombre invisible; personas que nacen sin luz alguna y que quedan totalmente aisladas e ignoradas por la sociedad que les rodea. Esta particularidad transforma ese elemento simbólico que sostiene la historia; la importancia inquietante de la visión. Sin ella tendríamos que recurrir a otras formas para ser vistos. Como Iván, ausente para las personas que observan y decidido a hacerse sentir sin importar las consecuencias.

La fotografía de Óscar Faura trabaja en las tomas subjetivas de Julia, quién nos permite experimentar la pérdida de la visión y mantenernos conectados ante el reducido portal visual de la protagonista. El trabajo con los ojos de Julia es tan riguroso que, incluso en los momentos en que a ella se le impide ver, los rostros de los personajes no se visualizan, a pesar de haber aparecido previamente. Guillen Morales trabaja de la mano con la incertidumbre a la que está sujeta Julia durante su tiempo a ciegas.

Como último dato importante del film, se vemos la relación de Julia y su marido Isaac (Lluís Homar) que propagan el apasionado amor que les une. Una relación perfectamente diseñada para el guión; que no necesita de adolescentes con hormonas explosivas y neuronas limitadas en un viaje vacacional alejados en una casa de campo.