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lunes, 7 de junio de 2010

Carmen...

Sus gestos son necesarios para hablar. Sus manos fluyen como caricias que las ofrecen al aire y sus ojos aprueban cada palabra que sale de su boca. Se encuentra sentada, todos escuchamos perplejos lo que dice. ¿Apasionada? Yo creo que sí, los ejemplos venían uno detrás del otro. Su rostro cambiaba con cada recuerdo que invadía su mente y la exaltación era su amiga cuando pronunciaba algún artista.

-Está hecha para esto- me digo, pero no es solo su habla lo que impacta. Viste diferente y auténtico. Desconozco su edad, pero cada prenda ha sido elegida con determinada atención (típico detalle de una mujer) y creo que para ella vestirse significa también seleccionar una obra, como lo hace en cada Bienal de Arte Popular. Sus tacones anuncian su llegada en los pasillos de Carmona, saluda efusiva, con un tono alto y alegre. A veces recogido, a veces suelto, su cabello acompaña el ritmo de sus pasos, es negro en su totalidad, brillante.

Su piel es blanca, se encuentra cuidada. Su nariz, su boca y sus ojos están hechos de finas proporciones. Las orejas sujetan largas argollas que le anexan coquetería. Constantemente cubre su cuello con alguna bufanda y la punta de sus dedos contienen esa pintura que le hace falta a su cuerpo.

No me ha pasado, pero tengo la impresión de que sentarse a hablar con ella sería interesante. Para empezar, creo que solo hablaría ella. Cuando la observo, noto que siempre tiene algo que decir, algo que contar. Es el reflejo de una persona que siente la necesidad de dejar en cada oyente un poco de su pasión, una migaja de esa sensibilidad que la envuelve, que la sumerge al comentar una pintura o escultura. Cuando nos escucha fija su mirada, casi cierra los ojos; quizás para darle a los parpados un parecido a las gríngolas.

Perseverante y luchadora. Aunque su rostro se muestra agotado, debido a su gran responsabilidad, Directora de El Museo de Arte Popular Salvador Valero, que sin importar lo exhaustiva que es su tarea, lo hace con amor y devoción. No le importa trasnocharse si resulta un bien para ese espacio, dedicado a quienes transmiten sus pesares, regocijos, criticas, bien sea social o política.

La profe Carmen tiene una vista hermosa. Lo digo por esa perspectiva que debe tener al observar el mundo; descubrir el arte en cada cosa, lugar o persona. La profe Carmen es sin duda un ser dedicado a difundir la belleza con extraordinarios esfuerzos titánicos, y saber que cada dos años, pueda robarle a una multitud alguna sonrisa, y por qué no, alguna lágrima.

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